Más allá de una buena mirada...
Mirar no cuesta nada, dicen algunos. Pero el mirar puede ser la acción que inicia una vida de miseria o una vida de paz. Por la mirada pecamos, por la mirada podemos ser sensibles al dolor humano, por la mirada podemos entender el sufrimiento de las personas, por la mirada podemos hacer algo...
Muchas veces, la historia del buen samaritano, sólo queda en eso, en historia. Pocos son los que se detienen ante el dolor humano, y extienden su mano para ayudar. La mayoría, calla su conciencia buscando la manera de ayudar, pero sin involucrarse. Llaman por teléfono al enfermo, pero no lo visitan, dan una palabra de aliento al angustiado, pero no lo acompañan en su angustia, sienten lástima por el prójimo, sin duda, pero no lo abrazan...
Ya no hay samaritanos como aquél personaje de la historia que dejó de pensar por un momento en sí mismo y pensó en aquél que necesitaba de su ayuda.
Hoy te invito a hacer un alto y pensar en alguien que necesita de tu mano, de tus palabras, de tus brazos, de tu mirada.
Pero tal vez, eres tú quien necesita de una mano, unas palabras, unos brazos, una mirada...
Dime, ¿lo necesitas?
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