Huelga de imágenes III (El Ekeko)
Mientras hojeaba uno de esos pequeños periódicos que se venden con motivo de las Alasitas, repleto de notas sarcásticas, irónicas y en algunos casos hasta ofensivas a la ética y moral, procuraba pensar en la causa por la que mi interlocutor se había levantado de un salto y se había retirado con una abierta excusa, "El camino..., el camino..", decía, mientras salía con un semblante extraño.
No tuve que esperar demasiado, regreso al rato, con un cigarro en los labios y un semblante más seguro.
- Bueno, mi amigo, ¿dónde quedamos? - dijo, sentándose con toda ceremonia en su trono improvisado.
- Hablábamos de Dios... - repuse
- Ah! si, Dios... - cada vez que decía "Dios" desviaba la mirada y la fijaba en el vacío. Noté que no le molestaba la palabra, sino que le producía una especie de malestar notorio, si vale el caso decirlo.
- Dios es el creador de todas las cosas - empezó diciendo - Pero a pesar de que todas las personas son su creación, cada una de ellas en algún momento, a veces voluntariamente y otras por ignorancia o descuido, desactiva aquél interruptor que te desconecta de Dios, lo que le obliga a buscar otros medios que le puedan suplir lo que ya no tienen con Él. ¿Sabes cual es ése interruptor? - me dijo sonriente - Si mi amigo, el interruptor es bien conocido, la gente lo conoce y aun así no lo activa.
- ¿Cual es? - pregunté como un niño curioso - ¿Cual es ése interruptor?
- Calma amigo... calma, recuerda haber leído que "Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido...Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen."... (1).
- Como verá mi amigo, dejar de glorificar a Dios y darle gracias es el interruptor que sumerge al hombre y a la mujer en un mundo de perversión, rebeldía y corrupción. Queriendo compensar ésta separación, creó una serie de ritos, sacrificios, ceremonias, dogmas y doctrinas que buscan mantener la relación con Dios. Pero mi querido amigo periodista, ninguna de éstas acciones hará volver al hombre a Dios.
- Entonces... - dije con tono preocupado - Todos estamos perdidos...
- No tanto, mi estimado entrevistador - respondió con una mirada de lástima - Hay un recurso, uno solo, el único, que permitirá al hombre o mujer reconciliarse con Dios.
- ¿Cuál es? - le cuestione ansioso
- Es el de reconocer que no es el hombre que se acerca a Dios, sino que Dios es quien se acerca al hombre, ya lo hizo desde hace dos mil años, dando la oportunidad a todo hombre sobre la tierra para que todas sus cuentas a causa de sus pecados se cancelaran. Recuerde que la salvación ahora es por fe y gracia de Dios, no por obras que el hombre pudiera hacer. Le repito, no hay sacrificio tan grande que pueda hacer el hombre que haga mover la mano de Dios y borrar de su libro, todos los pecados cometidos, no, no lo hay.
- Pero entonces, las caminatas, las peregrinaciones, las ofrendas, las confesiones, los bailes por tres años, las penitencias, todo eso, ¿no vale nada?, ¡No puedo creerlo!...
- Pues créalo amigo, no valen nada, sólo el verdadero arrepentimiento, el compromiso de no volver a reincidir en aquello que pecamos, que el bebedor deje de beber, que el ladrón deje de robar, que el drogadicto deje de drogarse, que la prostituta deje de prostituirse, que los jóvenes de hoy dejen de tener sexo libre, dejar a un lado la violencia familiar, aprender a perdonar, son todas a aquellas actitudes que realmente moverán el corazón de Dios, es decir una conversión total y absoluta a Dios.
- ¡Qué bueno!, entonces si hay esperanza - afirmé con un suspiro
- ¡Que va! - me respondió - parece fácil, pero el corazón del hombre está tan atado a los placeres, a los deleites, a sus religiones, a sus propios pensamientos, que no le permiten abrir aquella puerta y activar aquél "interruptor" y lograr su libertad eterna...
Hice una pausa de silencio, quizá meditando en mi propia situación.
- Bueno mi amigo - me dijo, levantándose de su asiento - Tengo que atender mis asuntos, como ve, tengo clientes para buen rato, no necesito influir en ellos, ellos vienen a mí, y usted mi amigo, ¿no le gustaría llevarse alguna miniatura? ¿algún recuerdo? ¿quizá alguna "bendición"? - me dijo en tono casi sarcástico.
- No, no gracias - le dije - yo también tengo algo que atender, usted sabe, ser periodista no lo hace descansar a uno.
- Claro que sí mi amigo, lo entiendo, pero no olvide que lo estaré esperando, lo estaré esperando... je,je,je...
- Gracias - le respondí, ordenando mi material, presuroso por salir rumbo a mi casa , en busca de la soledad y privacía de mi habitación, porque tenía que hablar con alguien, y arreglar muchos de mis asuntos personales, porque hasta ahora me di cuenta que "hay caminos que al hombre le parecen derechos, pero su fin es camino de muerte" (2) y yo no quería ser uno de aquellos que están en el camino equivocado.
Fin.
0 comentarios