Una milla mas...
Primera escena:
Al subir a la flota justo me toca sentarme al lado de una persona de tan desagradable aspecto que le dan a uno ganas de por lo menos disimuladamente querer cambiar de asiento, pero eso no es posible y lo tengo que soportar durante todo el viaje. Al ir por el mercado y preguntar por una prenda de vestir, justo me toca una vendedora que se levantó con el pie izquierdo y con un carácter que quien no tuviera la paciencia necesaria, le diría unas cuantas verdades. En la universidad, justo me toca compartir la tarea con un compañero totalmente irresponsable, flojo y mal entretenido, que de paso, dan ganas de reclamar al profesor y decirle qué tiene en contra mía, porque me asignó a dicho compañero, pero tengo que hacerlo.
Segunda escena:
Durante el viaje se me presentan dos opciones: hablar a la persona sentada al lado, o hacerme el dormido y esperar el final del viaje, pero me temo que el viaje durará, así que tomo la primera opción: "Largo el viaje, no?" le pregunto, "si", me responde secamente, pero luego de dos o tres cruces de palabras, me entero algo de su vida y me doy cuenta de que, lo desagradable de su rostro se debe al estilo de vida que tiene, y al enterarme de sus muchos problemas, entiendo que hasta yo andaría con ésa cara, me dice su nombre, me cuenta sus problemas, y entre charla y charla entablamos una especie de amistad quizá superficial, pero amistad al fin. De alguna manera, aunque no pudiera hacer mucho de mi parte, trato por lo menos de expresarle algunas palabras de aliento, parece que esto le reconforta y por primera vez veo una leve sonrisa de agradecimiento en su labios.
Tercera escena:
No le digo a la vendedora lo que en primera instancia fue mi intención hacerlo, protestar, reclamar, alzar la voz y hasta quizá decirle que no era buena idea de levantarse de la cama si iba a salir a vender con ése carácter. Prefiero callar, prefiero no echar leña al fuego, como diría mi padre. Pero de pronto, me doy cuenta que un niño, desarreglado y con un pedazo de pan en la mano empieza llorar entre las prendas de vestir. No lo había visto, pregunto sin afán de ser curioso si necesita ayuda, y contra todos mis prejuicios, la señora disminuye el tono de su voz y me dice que se encuentra molesta por todo. Arriesgándome un poco más, le pregunto el porqué, al ver su apertura a una charla. Y como un torrente desbocado me cuenta que sus hijos le causan dolor cada día, que llega del negocio, que no solo eso, sino que su marido, más allá de colaborar con ella para traer el pan de cada día, lo que trae con frecuencia es una tremenda borrachera, gastándose el poco dinero que gana como artesano, sus hijos cada día empeoran en su carácter y comportamiento, y me dice que no aguanta más, que si fuera por ella, tomaría medidas muy radicales. Yo le digo que en la vida existen dificultades y que aunque no esté en mis manos ayudarla, por lo menos haré una oración por ella, por sus hijos y su esposo, al escuchar aquello, parece aparecer un brillo en sus ojos, y aquella mirada tosca, airada, de frustración y enojo, como que empieza a desaparecer, como quien ve por lo menos, en unas palabras, una esperanza.
Cuarta escena:
Creo saber que el trabajo encargado por el docente, al final lo tendré que hacer yo solo, conociendo al compañero no creo que aporte mucho. Pero al fin de cuentas el trabajo es de ambos, así que me animo a invitarlo a trabajar, motivándolo a que lo haga bien porque de ello depende nuestra nota. Con sorpresa veo que empieza trabajar, y como en cualquier momento en que dos personas se encuentra solas, la conversación se hace inminente. Empieza con una charla ligera, vana, casi vacía, pero trato de leer entre líneas de su conversación y puedo notar que el vació de su conversación no es más que un reflejo del vació que siente en su corazón. Lo puedo ver, lo puedo percibir, hay algo en él que le impide expresarse, y de pronto empieza a hablarme de algo personal, me pregunta por mis padres, yo le digo que tengo buenos padres, pero luego de un silencio a ésa respuesta, él me dice que tiene padres pero vive como si no los tuviera, que nunca recibió de ellos el afecto que todo hijo busca, la atención que todo hijo necesita, el amor que todo hijo comparte. Me dice que es hijo único y que a pesar de eso, sus padres nunca le prestaron su atención, ocupados con el trabajo y los afanes de poner un pan en la mesa. El dice que los comprende, que la vida es dura, pero no tanto como para no detenerse un instante y darle un abrazo, o expresar una palabra de ánimo. Trato de explicarle que el amor de los padres es muy importante en la vida, pero cuando uno tiene a los padres, existe alguien que vela por nuestra vidas desde lo alto. El no me cree, asume que no entiendo su problema, pero yo le digo que aunque no esté en su lugar, si lo puedo entender, que la vida es dura, pero es quizá una manera irónica para fortalecernos, hacernos luchadores, volvernos conquistadores de sueño e ilusiones. Al decir aquello, creo ver ahora en él aquella mirada de los que tienen sueños, ilusiones, no tan solo frustraciones. Y lo único que puedo hacer es decirle que puedo ser su amigo, y estar junto a él, para alcanzar algunos de sus sueños y ayudarlo en lo que pueda, para hacer realidad algunos de sus sueños. Como quién enciende un interruptor, así cambia su actitud, me da las gracias y empezamos a compartir aquél trabajo, que ahora estoy seguro, merecerá una buena recompensa.
CONCLUSIÓN
Creo entender recién aquellas palabras pronunciadas por el maestro "a cualquier que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos". Creo saber que el Señor, entendía que si soportamos a las personas lo suficiente, esto no tiene mérito, pero si de nuestra parte nos proponemos soportar un poco más, una milla más, nos daríamos cuenta de que nuestro corazón está lleno de prejuicios, de falsos valores, y tal vez un poco de hipocresía. Que tomamos actitudes sin conocer a las personas, impidiendo llegar a ser aquella luz que el maestro nos reclama ser en la vida, para las otras personas.
Mi queridos jóvenes, varones y mujeres, cuesta soportar el carácter, la conducta, la apariencia de algunas personas, pero el maestro nos llama a provocar algo que se llama gloria de Dios, ver aquello que está escondido para aquellos que solo soportan lo necesario y suficiente, para aquellos que recorren una milla, pero que será revelado, a los que toman la decisión de cambiar el mundo, las viejas maneras, las antiguas formas, a aquéllos que recorren una milla más.
Acompaña a aquél a quien detestas, a quien no te cae bien, a aquél que no puedes soportar, una milla más, la milla de la nueva oportunidad, la milla del perdón, la milla del nuevo esfuerzo, la milla de la esperanza, la milla de la tolerancia, la milla de la comprensión, la milla de que nos permite acercarnos a Dios, cada día un poco más.
Te atreves a ir...¿una milla mas?
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