Dando vueltas en el desierto...
El desierto es sinónimo de una vida vacía, aburrida, conformista, rutinaria, propia de quien no ha conocido grandes cosas, de aquél o aquella que vive con la mediocre frase de los que no han conocido victorias ni éxitos: "lo importante no es ganar, sino participar".
Si todos tenemos las mismas 24 horas de vida por día, los 365 días al año, por qué algunos alcanzan niveles mayores de éxito que nosotros, que a veces nos conformamos con un nivel de perfil bajo, suponiendo que con lo necesario y suficiente nos basta, cuando tenemos un futuro mejor más adelante.
La historia bíblica nos cuenta que más de dos millones de personas salieron de Egipto, en un estado de libertad, de oportunidad y con una promesa en el corazón de una tierra mejor, de un futuro próspero, pero que sorprendentemente contra todo pronóstico, tan sólo los jóvenes menores de 20 años lograron alcanzar dichas promesas, no por la edad, sino porque la generación mayor que no se esforzó por alcanzar dichas promesas, aquél futuro mejor, tuvieron que morir por su falta de diligencia, esfuerzo y sobretodo, la falta de VISIÓN.
Qué hace que una persona que tiene posibilidad de alcanzar grandes cosas termine en un estado de vida mediocre y con calidad de perfil bajo, qué hace que personas que viven el mismo tiempo, las mismas circunstancias y que en muchos casos tienen las mismas oportunidades, parecieran haberse conformado con lo que escasamente lograron alcanzar. Y dentro de su corazón saben que la carrera que estudian no es la que deseaban, que la pareja que tienen a su lado es preferible a no tener nada, que aquella esposa o esposo que duerme a su lado no cumple con sus soñadas expectativas.
Yo conozco a muchas de éstas personas. Son las que ven la vida con una sonrisa de resignación, con un "no estoy tan mal como otros", creyendo que al ver personas en peor situación, su perfil o calidad de vida se elevará un tanto, lo suficiente para no sentirse mal. Pero no es así, la vida irónicamente, se encarga de pasarnos la factura de todas las malas decisiones que hicimos en el transcurso de nuestra vida, y pareciera gritarnos en silencio que hoy simplemente estamos cosechando lo que un día sembramos.
Hoy en día, los jóvenes no viven, sobreviven. Hoy en día pareciera que los suficiente lo es todo, no nos gusta aquél que es mejor que nosotros, no señor, ni pensamos admirarlo, ni pensamos utilizarlo de modelo, mas bien, buscamos algo que pueda desacreditarlo, algo que lo coloque a nuestro nivel, al nivel que entendemos, al nivel al cual estamos acostumbrados aunque no nos guste , porque no nos gusta sentirnos mediocres, y por lo tanto si logramos que todos vivan la vida como nosotros la vivimos, creeremos que todo está bien pero viviremos engañados.
A saber, existen tres tipos de personas que pasan por un desierto:
Están los PASIVOS, son aquellas personas que ven la vida pasar esperando que las cosas ocurran, no hacen que ocurran, no provocan a la vida, se tiran al mar de la vida para ser arrastradas por la corriente, esperando un destino mejor, pero esto no ocurre, son aquellas que compran un boleto de lotería esperando que un día se le dé la suerte, son de las que esperan que la pareja ideal aparezca como por arte de magia, o como por un juego de azar del destino. Viven sin pasión, sin dirección, sin propósito. Alegran sus vidas, con fiestas, amigos, música, llenan ése vacío que les grita cada día en silencio, que su vida no tiene un propósito, pero les da igual, solo existen, no viven, se quedan dando vueltas en el desierto.
Están las otras, las VICTORIOSAS, son las que se proponen metas, luchan por ellas, muchas veces las alcanzan, viven con un envidiable optimismo, una insoportable cara de seguridad, pero ahí están, alcanzando lo que se proponen, lo que con amargura nos duele reconocer que también pudimos lograrlo. Pero el problema es que cuando lo alcanzan tienden a estancarse, tienden a volverse pasivos, porque creen haberlo alcanzado todo, porque creen que con aquél título logrado, ya finalizó el esfuerzo, creen que al casarse con la pareja adecuada, ya se establecieron y que lograron sus metas, creen que con la jubilación el propósito de su vida en la termino y solo falta esperar la muerte, pero la vida está dispuesta a ofrecer más, pero éstas personas parecen que no ansían más, tienen sus habitaciones llenas de trofeos y reconocimientos, se jactan constantemente de sus logros que alcanzaron, pero dejan de luchar, dejan de ambicionar y aunque con mejores perspectivas, se quedan muchas veces al borde del desierto, pero no ven la tierra prometida.
Y están los EXITOSOS, los que contra toda voz negativa, toda oposición circunstancial, alcanzan sus metas, porque cada una de ellas se convierten simplemente en una paso, una etapa para alcanzar grandes cosas, no dejan de luchar, no dejan de esforzarse, no se dan el lujo de pensar en detenerse, porque pueden perderlo todo y quedarse en el desierto para siempre. No señor, éstas personas son las que marcan la diferencia, son las que aun después de la muerte, dejan su huella en ésta tierra y sus nombres son recordados por la eternidad, son de aquellas que nunca dejan de tener una visión, que las hace levantar de la cama, que muchas les sumerge en una crisis ante las dificultades de no poder alcanzar lo prometido. Son las que cruzan el umbral de aquella puerta entre un desierto y una vida mejor.
¿Y tú, qué haces en el desierto?
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Números 14:6-10
Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Dios, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Dios; no los temáis. Entonces toda la multitud habló de apedrearlos"
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