¿Quién es mi prójimo?
¿Quién es mi prójimo? es la pregunta que le hizo un hombre a Jesús, y la respuesta contra toda lógica, es dada por la siguiente historia judía: "Un hombre cayó en manos de ladrones, quienes le robaron, le golpearon y le dejaron medio muerto. Pasaron por allí un sacerdote y un levita, quienes lo vieron y pasaron de largo, luego pasó un samaritano, que era de quién menos se esperaría que hiciera algo, quién acercándosele, le vendó sus heridas, le puso en su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él".
Jesús miró al hombre de la pregunta y le dijo: "Quién de éstos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de ladrones?, - El que usó misericordia con él - respondió, y Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo".
¿Quién es mi prójimo?, pues no es cualquier persona, sino es cada una de aquellas personas que en un momento determinado de nuestra vida, nos extendió la mano para sacarnos de un apuro, pequeño o grande, aquella persona que menos esperábamos que lo hiciera, pero que estuvo a nuestro lado en aquella necesidad, nos acompañó en aquél hospital, nos compartió su mesa cuando teníamos hambre, aquél que ayudó a cargar aquel ataúd de nuestro ser querido cuando vio que no lo podíamos hacer solos, que cuando nadie estaba a nuestro lado, nos hizo compañía, a veces en silencio, aquella persona que nos prestó dinero que no teníamos, ya sea para pagar un pasaje, para un alquiler, o para pagar una gran deuda, y extrañamente, nos lo dio sin condiciones, solo porque quiso hacerlo al vernos en necesidad, aquella persona que nos prestó el libro que no teníamos, que nos reemplazó en el trabajo que debíamos realizar, aquél vecino, al cual no saludábamos, pero que estuvo presente cuando necesitábamos ayuda. De ahí que prójimo me parece que significa "protector", un enviado, quizá sin saberlo, de Dios..
Si, mis estimados jóvenes, nuestro prójimo es cada una de aquellas personas que tuvieron misericordia de nosotros y movidos por ella, nos extendieron la mano sin condiciones y que hoy volvieron a ser extraños en nuestras vidas, como si los hubiésemos usado para salir solo del apuro, a ésas personas son a las que debemos amar, es decir, saber ser agradecidos, sino materialmente, por lo menos con un saludo o una sonrisa, aquellas personas que fueron parte de nuestra vida de una manera tan fugaz, pero que fueron tan importantes en su momento. ¿Nos acordamos de ellas?, ¿Qué hicimos al respecto?, ¿Qué actitud tomamos con ellas?, ¿Fuimos realmente agradecidos?, tal vez les dimos tan poca importancia, porque el problema ya desapareció, también lo hicieron las personas que estuvieron en ésos momentos.
Jesús dice que esto no debe ser así, e inclusive nos hace un desafío, así como hubieron personas, que fueron nuestros protectores, nuestros prójimos en tiempos de necesidad, así debemos ser con otros, cuando los veamos en necesidad, que sin condiciones extendamos las manos, y tengamos misericordia, aun de nuestros enemigos, o aquellos que consideramos, no se debieran merecer nuestra ayuda.
Jesús no hizo acepción de personas al tener misericordia de nosotros en aquélla cruz del calvario, ni puso condiciones para regalarnos aquella vida eterna en medio de su agonía, lo hizo todo por nosotros, y sin embargo, ni le dimos las gracias.
Ahora, ¿Que haremos?, seguiremos siendo ingratos, desagradecidos con él, y aun con aquellas personas que él usó para ayudarnos, o empezaremos a darle gracias con acciones y no tan solo con palabras, y es más, nos atreveremos a ir más allá, al hacer lo mismo por los demás, como lo hicieron con nosotros. Piénsalo...
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